El proceso del Duelo
"You never know how strong you are, until being strong is the only choice you have", Bob Marley.
¿Qué es la pérdida en psicología?
En psicología, la pérdida se entiende como
la experiencia de dejar de tener algo o alguien significativo, generando una
sensación de vacío, ausencia o ruptura en la vida de la persona. No se limita
solo a la muerte de un ser querido, también incluye separaciones, cambios de
salud, pérdida de trabajo, de capacidades, de estatus, de ideales o de
proyectos importantes.
Dimensión psicológica de la pérdida
La pérdida es el acontecimiento que
desencadena el duelo, que es el proceso psicológico y emocional de adaptación a
esa ausencia. Suele ir acompañada de emociones intensas como tristeza, rabia,
culpa, ansiedad, sensación de soledad y desamparo, así como cambios en
pensamientos (confusión, ideas repetitivas) y conductas (aislamiento, llanto,
hiperactividad o inactividad).
Tipos de pérdidas
En psicología se distinguen varias formas
de pérdida, por ejemplo:
Pérdidas por muerte: fallecimiento de una persona
significativa o de una mascota importante.
Pérdidas relacionales: rupturas de pareja, divorcios,
distanciamientos familiares o amistades que se rompen.
Pérdidas intrapersonales: pérdida de salud, de capacidades físicas
o cognitivas, cambios en la propia identidad.
Pérdidas materiales y laborales: pérdida de trabajo, de casa, de
estabilidad económica, de objetos valiosos.
Pérdidas de ideales y proyectos: cuando algo que se esperaba o se había
imaginado (un futuro, una meta, una imagen de uno mismo) no se cumple o se
derrumba.
Importancia en la salud mental
La vivencia de pérdida puede afectar el
estado de ánimo, la motivación, el sueño, el apetito y la salud física,
especialmente en las primeras fases del duelo. Cuando el sufrimiento se vuelve
muy intenso, prolongado o bloquea el funcionamiento diario, puede ser necesario
un acompañamiento psicológico para ayudar a elaborar la pérdida y reconstruir
un nuevo sentido de vida.
¿Cómo afrontar la pérdida?
Afrontar la pérdida implica atravesar un
proceso de duelo en el que aceptar y expresar las emociones es fundamental para
la recuperación psicológica y emocional. Este camino puede resultar difícil,
pero existen diferentes estrategias que facilitan la adaptación a la ausencia y
ayudan a hallar sentido al dolor.
Estrategias clave para afrontar la pérdida
- Reconocer
y aceptar tus sentimientos, permitiéndote sentir tristeza, ira o confusión
sin juzgarte.
- Buscar
apoyo emocional compartiendo lo que sientes con familiares, amigos o
profesionales de la salud mental.
- Mantener
rutinas saludables de alimentación, ejercicio y sueño, cuidando el
bienestar físico y emocional.
- Permitirse
el tiempo necesario para sanar, sin presionarse a recuperarse según
expectativas externas.
Según el diccionario de la Real Academia
Española (RAE), el duelo es el “sentimiento de dolor o pena por la muerte de
una persona”. Desde la psicología, el duelo se define como la reacción
normal de una persona ante una pérdida, ya sea la de un ser querido, un animal,
un objeto, una etapa de la vida o un evento significativo. En cualquier caso,
el duelo es una experiencia que necesita ser compartida, acompañada y
respetada.
Somos seres sociales
Las personas somos seres sociales,
necesitamos generar vínculos emocionales para progresar y desarrollarnos. Sin
embargo, cuando esos nexos se rompen o fallan, se genera en nosotros un
sentimiento de malestar emocional al que denominamos duelo.
Cuando la pérdida de ese vínculo es
definitiva, pueden verse afectadas distintas dimensiones de la persona, como la
fisiológica, emocional, cognitiva, conductual y social. Dependiendo de diversos
factores implicados —como las circunstancias de la muerte, la relación con la
persona fallecida, el tipo de personalidad o el contexto familiar de quien lo
sufre—, superar el duelo puede resultar más o menos complejo.
Duelo no complicado
Nos referimos al “duelo no complicado”
cuando existe una reacción considerada normal ante la muerte de un ser querido.
Algunas personas presentan síntomas característicos de la depresión, como
sentimientos de tristeza, insomnio, falta de apetito o pérdida de peso.
Síntomas que suelen formar parte del proceso natural de adaptación a la pérdida
y, por lo general, no superan los seis meses de duración tras el fallecimiento.
Trastorno por duelo prolongado
Clínicamente, se categoriza como “duelo
prolongado” el trastorno que aparece tras la muerte de una pareja, progenitor,
hijo u otra persona cercana, cuando la respuesta de dolor persiste de manera
intensa y generalizada en el tiempo.
Este trastorno se caracteriza por un
profundo sufrimiento emocional y una intensa añoranza hacia la persona
fallecida, acompañado de emociones como tristeza, culpa, ira, negación o
reproche. Asimismo, pueden aparecer dificultades para aceptar la muerte, sensación
de haber perdido una parte de uno mismo, incapacidad para experimentar
emociones positivas, entumecimiento emocional y conflictos en las relaciones
sociales.
La respuesta de dolor persiste durante un
período atípicamente prolongado tras la pérdida —generalmente superior a seis
meses— y resulta claramente más intensa y duradera de lo esperado según las
normas sociales, culturales y religiosas del entorno del individuo.
El duelo es un proceso psicológico de
adaptación y afrontamiento ante una pérdida significativa
Hablamos del proceso de duelo como un
conjunto de fases o etapas temporales que, aunque no son fijas ni siguen un
orden estrictamente establecido, suelen sucederse y pueden presentar
fluctuaciones u oscilaciones a lo largo del tiempo.
Primera fase: aturdimiento o incredulidad
En esta etapa aparece un gran desconcierto
ante lo acontecido, acompañado en ocasiones de negación, estado de shock o
inmovilismo emocional. Predominan la pena, la amargura y el dolor, pese al
intento de evitar la realidad de la pérdida. Asimismo, puede producirse una
importante disrupción de la identidad y la sensación de haber perdido una parte
de uno mismo.
Segunda fase: anhelo y búsqueda
Se caracteriza por un intenso anhelo,
añoranza y deseo de reencontrarse con la persona fallecida. A medida que el
doliente va asimilando la situación, pueden aparecer irritabilidad y conductas
agresivas, incluso dirigidas hacia sí mismo. También son frecuentes la pérdida
de seguridad, la disminución de la confianza personal y la baja autoestima.
Tercera fase: desesperación y desorganización
Durante esta fase surgen pensamientos y
recuerdos intrusivos que generan intranquilidad. Aparecen sentimientos de
vacío, desesperanza y falta de ilusión por la vida. Poco a poco, la persona
toma conciencia de que el ser querido no regresará, lo que puede intensificar
la tristeza, el llanto y la sensación de soledad. Es habitual experimentar
apatía, desánimo y síntomas depresivos.
Cuarta fase: reorganización y reajuste
En esta etapa comienza a asimilarse la
pérdida y a desarrollarse una nueva forma de funcionamiento vital. La persona
empieza a establecer nuevos vínculos sociales y, progresivamente, disminuye la
dificultad para retomar intereses personales y actividades cotidianas.
Asimismo, reaparece la capacidad de proyectarse hacia el futuro.
Quinta fase: aceptación
La aceptación supone la llegada de un
estado de mayor calma y equilibrio emocional. Implica comprender, no solo de
manera racional sino también emocional, que la muerte y las pérdidas forman
parte inherente de la experiencia humana y del ciclo vital.
¿Cuánto dura el proceso del duelo?
Aunque no existe una duración temporal
exacta para cada una de las etapas del proceso de duelo, se considera que,
dependiendo de la intensidad del sufrimiento y del tiempo necesario para
superar la pérdida, podemos encontrarnos ante un duelo normal o un duelo
patológico.
En psicología, se considera que existe un
trastorno de duelo prolongado o patológico cuando la respuesta de dolor
persiste durante un período atípicamente largo tras la pérdida: más de doce
meses en adultos y más de seis meses en niños y adolescentes. Este tiempo
resulta significativamente superior al esperado según las normas sociales,
culturales y religiosas del entorno de la persona doliente.
En el duelo patológico, la perturbación
emocional y el malestar experimentados provocan un deterioro clínicamente
significativo en la vida personal, familiar y social de la persona, así como en
otras áreas importantes de su funcionamiento cotidiano.
¿Qué prevalencia tiene el duelo complicado?
La prevalencia del duelo complicado en
España, en población adulta, se estima entre un 10% y un 20%. Las personas que
lo padecen suelen requerir un mayor apoyo sanitario, debido a la frecuente
comorbilidad con trastornos como la depresión y el estrés postraumático.
Como consecuencia, se produce un
incremento significativo en el uso de recursos sanitarios y en la necesidad de
atención psicológica y social especializada.
¿Cuándo pedir ayuda especializada?
El duelo forma parte de la vida y, por
tanto, es importante no patologizarlo. Sin embargo, en algunas ocasiones la
persona puede quedar atrapada en un sufrimiento intenso que le impide continuar
con su vida de manera adaptativa. En estos casos, es importante prestar
atención a determinados signos de alarma, como:
a) Depresiones intensas o
cronificadas.
b) Consumo abusivo de alcohol
u otras drogas.
c) Presencia de pensamientos o
fantasías de reunirse con el ser querido fallecido, ya sea mediante conductas
pasivas o activas relacionadas con la muerte.
Cuando el duelo se complica, resulta
fundamental pedir apoyo al entorno cercano y, si es necesario, recurrir a
profesionales de la salud mental que puedan acompañar y orientar el proceso
terapéutico.
Para finalizar, es importante destacar que
el duelo, por doloroso y complejo que pueda resultar, también puede convertirse
en una oportunidad de crecimiento y realización personal. Ser capaces de
afrontar e integrar la pérdida constituye un gran desafío humano.
Una persona emocionalmente saludable no es
aquella que intenta escapar del dolor, sino aquella que, siendo consciente de
que forma parte de la vida, aprende a comprenderlo y elaborarlo de manera
adecuada.
